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Bullileo, un paisaje inolvidable en la cordillera de Parral

Llegamos a Parral atraídos por la figura de Neruda, eso ya lo saben, pero sus atractivos no se agotan en él. Para disfrutar la montaña en la precordillera del Maule, o lo que llaman "Cordillera de Parral", visitamos la zona del Embalse Bullileo y Laguna Amargo.

Salimos desde Parral por la ruta L -75 que circula siguiendo el cauce del río Longavi, y está totalmente asfaltada. Luego empalmamos con la ruta L -735 que permite llegar al embalse tras los últimos 10 kilólmetros de ripio consolidado. Este último tramo, ascendente y polvoriento es más lento pero nos permite percibir la montaña y su belleza, adentrándonos en el bosque nativo y bordeando el río Bullileo que acompaña la subida. Hace bastante calor y por las ventanillas bajas de nuestro vehículo entran fuertes aromas a hierbas, deliciosos. Nos cuenta nuestro acompañante Carlos Chandía que esto se debe a la gran presencia de boldos en la zona.

 

El Chorro de Bullileo

 

Recorrer estos caminos zigzagueantes nos llevó, curva tras curva, a descubrir hermosos paisajes desconocidos para la mayoría de quienes pasan raudamente por la autopitsa central.  Antes de llegar al embalse, siempre por el camino de tierra en buen estado, se llega a un breve desvío hacia el río, y allí como desprendido de la montaña, aparece “el chorro” de Bullileo, como denominan los locales al enorme salto de agua provocado por el desagüe del embalse. 

 

A un lado del chorro pasa el río Bullileo, que discurre mansamente y forma pozones poco profundos donde los pescadores intentan sacar una trucha. Estos mismos pozones a lo largo del río son utilizados por la gente para bañarse cuando las temperaturas lo permiten. Aguas arriba, por el cauce natural del río, cruza un precario pero seguro puente colgante de madera que no pudimos evitar la tentación de cruzar una y otra vez, disfrutando la vista del hermoso paisaje que lo circunda.

 

Enseguida continuamos nuestro camino y después de pasar un puesto de carabineros nace un sendero a mano derecha que conduce hasta Los Riscos, circuito informal de trekking que permite ascender a más de 600 metros en una hora de caminata disfrutando del bosque y desde el mirador observar todo el hermoso valle.

 

El Embalse, la presa y otras delicias 

 

Un kilómetro más adelante llegamos  al Embalse Bullileo propiamentedicho. Su presa fue construida con rocas de la zona en el año 1932. El muro tiene una longitud de 280 metros y una altura de 73 metros. Este embalse rebalsa durante el invierno y se agota al fin de la temporada de riego, que es su uso excluyente. Detrás de su paredón se observa el hermoso espejo de agua que sorprende por los contrastes de colores de la línea verde del bosque y el marrón de las paredes rocosas por debajo de ella, que al llegar al agua se reflejan como en un espejo. 

 

La paz que envuelve el lugar es indescriptible. El silencio solo es roto por algún vehículo que pasa o por el sinfín de bulliciosos pájaros que habitan el bosque.

 

Tanta armonía y tranquilidad nos despertó el apetito. Buscamos un buen lugar para comer, y a pesar de la escasa oferta del lugar encontramos uno perfecto. A escasos metros del acceso al embalse se halla la Hostería La Luna. Una bella casa totalmente construida en madera de pino, con un acogedor estilo rústico. Al entrar se escuchaba de fondo música interpretada por una de las últimas Cantoras de la zona. Un bello color que complementa el clima cálido y hogareño del restaurante. Nos recibió Eva Rodriguez, su dueña y creadora, y luego de una breve charla sobre el lugar comenzó a deleitarnos con una de sus recetas de familia: un “cordero arvejado” (cordero estofado con arvejas y puré de papas) y sus riuísimos jugos naturales de frambuesas y arándanos. Todo estuvo riquísimo y la atención de Eva (acompañada de su madre, su abuela y su hijo Pedro) completaron un momento muy grato.

 

Laguna Amargo, asado y despedida

 

Luego de almorzar continuamos camino aguas arriba para visitar una laguna cercana, unida al embalse por el estero Mollin. La Laguna Amargo dista solo 5 kilómetros del embalse. En esta laguna natural pudimos practicar pesca con mosca (aunque sin éxito) y luego remar un buen tiempo por sus apacibles aguas, hasta la desembocadura del estero Mollín, afluente de la laguna, donde hay un pequeño bosque de arrayanes y más sitios perfectos para contemplar la naturaleza y pescar truchas.

 

Al caer la tarde nos trasladamos hasta la cálida cabaña Las Araucarias, propiedad de la empresa local de turismo Valle Escondido , donde pasaríamos la noche. La estancia fue por demás confortable y hasta incluyó pisco sour (de nuestra autoría) y asado con carne chilena y estilo argentino. Nos quedamos hasta altas horas de la noche contemplando el gran fuego que Carlos alimentaba, y nos cobijaba del frío de la noche.

 

A la mañana siguiente, luego de un rico café, partimos rumbo a la Balsa. No había tiempo para más Bullieo, pero seguro volveremos a este hermoso rincón de la cordillera de Parral.

 

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Fuente: DDA
Contacto: Info@destinosdeamerica.com

 

 


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