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Sabores y sinsabores de una inolvidable visita a la tierra de Neruda

Caminamos durante varios días las calles de la pequeña localidad de Parral, al sur del Maule chileno, desandando los pasos de la historia escondida del mayor poeta trasandino y compartimos nuestras conclusiones.

Caminamos durante varios días las calles de la pequeña localidad de Parral, al sur del Maule chileno, desandando los pasos de la historia escondida del mayor poeta trasandino, adivinando la metamorfosis que transformó a Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto en Pablo Neruda, presintiendo la triste infancia ahogada por la muerte de su madre y las calamidades sucesivas que dieron como fruto la rotunda personalidad del controvertido personaje.

 

Claro está que es Pablo Neruda el principal atractivo que turísticamente tiene Parral, una ciudad eminentemente agrícola de no más de cuarenta mil habitantes, que completa su oferta con la cordillera, sus ríos y embalses. Pero es Neruda el hito que nos atrajo a nosotros, y que atrae a otros tantos amantes de la cultura, de la literatura y especialmente de la poesía.

 

Sin embargo sorprende la ausencia de Neruda en la ciudad. No hay monumento público ni placas, ni souvenirs ni posters ni pancartas. La búsqueda de algunos de sus libros para leer en tiempo presente o llevarse de recuerdo, resulta una misión infructuosa. A los vestigios históricos hay que buscarlos minuciosamente, la información se da a cuentagotas en las conversaciones con los los parroquianos, y las imágenes de sus mil rostros salpican unas pocas paredes. 

 

Esto se entiende enseguida en las mismas conversaciones, y en el conocimiento de la historia chilena. Resulta ser que para muchos el rol de activo militante comunista superó al genio de la poesía que mereció el reconocimiento mundial y hasta el mayor galardón al que pueda aspirar un autor, el Premio Nobel.

 

La dividida sociedad chilena no ha logrado unir la admiración por el poeta, y Parral no escapa a esa realidad. Para colmo de males, algunos mal informados aseveran con escaso conocimiento de causa que Neruda negó a Parral como su cuna, o que fue egoísta con el pueblo, que lo visitó pocas veces y cosas por el estilo.

 

La realidad es que la magnánima figura de Pablo Neruda es una de las mayores virtudes de la historia parralina. Tanto como es verdad que unos cinco poemas suyos mencionan a Parral como el lugar de su nacimiento y no a Temuco como otros citan. La verdad es también que si buen Pablo Neruda tuvo unos dos o tres viajes públicos y reflejados en la prensa, hubo otras muchas visitas al pueblo a visitar la casa de su primo hermano casado con “la otra” Matilde, mujer a la que admiraba. En esos viajes algunos de sus testigos nos cuentan que el ya celebre poeta caminaba desde la casa de la familia, en la que solía hospedarse, y llegaba hasta la estación de trenes de Parral. Allí se detenía a mirar la avenida principal y solía caminar en dirección a la plaza.

 

Miles de historias nos han contado acerca del nacimiento, la vida, la partida y los regresos, las ausencias y la presencia, realidades incontestables y mitos difusos, acerca de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y Pablo Neruda.

 

Deshilamos los relatos en un intento serio de entender el divorcio de Parral con uno de los mejores de sus hijos, intentando incluso entender la personalidad de Pablo y sus actitudes criticadas por muchos. Hemos acarreado cientos de relatos, entresacado unas cuantas verdades, y arribado a una conclusión pura y simple:

 

Hijo de la moribunda Rosa Basoalto de Reyes, abandonado a la buena de Dios con sus primeros llantos, emigrado al frío Temuco, luego Santiago, más allá los exilios, Argentina, Francia, y de vuelta a casa, Parral, Isla Negra, Valparaíso… Neruda fue activo militante social y fue multifacético ciudadano, fue buen padre y mal padre, buen compañero y mal esposo, fue buen amigo e imperfecto ser humano.

 

Puede usted admirar o denostar aspectos de su persona, pero no puede ignorar su magnífica existencia. Puede usted ponerlo o no en el podio de sus lecturas preferidas, pero no podrá dejar de emocionarse leyéndolo. Puede odiarlo o amarlo, y ambas cosas quizás injustamente, pero la verdad es que Pablo Neruda es el chileno al que nadie puede ignorar.

 

A quienes venimos a Parral y nos dedicamos por unos pocos días a vivir el aire pacífico del pueblo, nos queda la amarga sensación de no ver más Neruda en cada rincón de Parral, de que no se haya conservado su vieja casa de adobe, que no exista aún un museo en su nombre, que el único homenaje realizado en el acceso al pueblo se encuentre deteriorado y abandonado…

 

Pero esa amargura es superada por la realidad. Hay un solo sitio el mundo que puede enorgullecerse de ser la cuna de uno de los mayores genios poéticos mundiales, y ese lugar se llama Parral. Aquí nació el autor de los versos más maravillosos que hemos leído, y aquí estamos, viviendo días que  jamás olvidaremos.

 

Volveremos, y volveremos a volver seguramente, y ojalá en uno de esos regresos haya homenaje en serio, y haya museo, y haya libros y postales del poeta. Ojalá. Pero si así no fuera, nosotros seguiremos disfrutando la íntima sensación de respirar el aire del pueblo que lo vio nacer.

 

Autor: Guillermo Dowyer
Contacto: guillermo@destinosdeamerica.com

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Foto: Valentín Miri


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